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Retos y perspectivas de la financiación verde y sostenible

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Open Value Foundation ha tenido la oportunidad de hablar con Juan Carlos Delrieu, Director de Estrategia y Sostenibilidad en la Asociación Española de Banca, para ahondar en las tendencias globales del sector y el rol de la banca en un contexto de pandemia y de transformación social.
Retos y perspectivas de la financiación verde y sostenible

El pasado miércoles 14 de octubre, Deusto Business School en colaboración con ICADE, reunió a Juan Carlos Delrieu, Director de Estrategia y Sostenibilidad en la Asociación Española de Banca, Julián Pérez de Madrid, Director de Corporate & Investment Banking de Banco Sabadell, y a nuestra fundadora, María Ángeles León en una mesa redonda sobre los retos y las perspectivas de la financiación verde y sostenible.

A raíz de ese encuentro, en Open Value Foundation hemos tenido la oportunidad de hablar con Juan Carlos Delrieu para ahondar en las tendencias globales de las finanzas sostenibles y el rol de la banca. 

Comencemos contextualizando un poco. Juan Carlos, ¿cómo hemos llegado hasta aquí?

La evidencia científica y el número de eventos meteorológicos extremos y adversos que hemos vivido en los últimos años sitúan el problema desde hace décadas. Pero si tuviera que poner un punto de origen del impacto económico del Cambio Climático, yo hablaría del año 2006 con el artículo de Nicholas Stern de LSE: “La Economía del Cambio Climático” que habla de las consecuencias climáticas del cambio climático.

Desde aquel año, se han producido diversos hitos que nos han conducido, de forma exponencial, hasta hoy. El primero de ellos, es el Acuerdo de París del año 2015, donde la mayoría de los países del mundo se comprometen a reducir la temperatura global a al menos 2ºC por debajo de los niveles que habían en el año 1990. El segundo hito, sería la Agenda 2030, que es una actualización moderna de los Objetivos del Milenio y que tiene una fuerte implicación al crear  un lenguaje común en todo el mundo con unos objetivos sociales, económicos y medioambientales comunes a través de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible.

El tercero vendría marcado por el artículo publicado por el ex-gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney: “Breaking the tragedy of the horizon”. Es el primero que pone de manifiesto que el Cambio Climático puede tener un impacto en la estabilidad financiera, no solo a través del riesgo físico que puede reducir el valor de los activos en un banco, sino que hay riesgos de transición que surgen cuando tratamos de mitigar las consecuencias del Cambio Climático. En definitiva, hay que integrar la gestión del riesgo climático en la estrategia de las entidades financieras. 

En cuarto lugar, el World Economic Forum, refleja desde hace tres o cuatro años que los principales riesgos, los de mayor probabilidad y los de mayor impacto, son aquellos referidos al cambio climático. Este foro asegura que la sensibilidad de la empresas y ciudadanos por estos temas es cada vez mayor.

La Unión Europea, empujada por estas tendencias, marcaron en 2018 lo que yo consideraría el quinto hito de esa secuencia al definir un conjunto de objetivos muy ambiciosos por descarbonizar la región en términos de eficiencia energética, consumo de energías renovables y de reducción de emisiones. Para lograr estas metas se estimó se requieren 260.000 millones de euros cada año hasta al año 2030. Al ser una enorme cantidad de dinero, la Comisión Europea consideró que era necesario disponer de un marco de referencia que marque el camino por el que deben transitar las finanzas sostenibles y para ello estableció el Plan de Acción de Finanzas Sostenibles definido a través de diez objetivos, de los cuales destaca por la agilidad con la que se ha avanzado y por su trascendencia, la taxonomía de la Unión Europea.

Por último, el más reciente de esta senda de hitos, se centra, bajo mi punto de vista, en la contundente respuesta de la Unión Europea frente a la pandemia en forma de un Pacto Verde Europeo que ha desembocado en el Next Generation EU Plan, el cual se fundamenta en dos principios claves: condicionalidad y eficiencia. Esta plan se ha dotado con un monto de 750.000 millones de euros, de los cuales, cerca del 35% deberán orientarse hacia la modernización de una economía más sostenible con el medio ambiente.

Todo este conjunto de piezas abre una enorme oportunidad para todos los agentes, para el sector financiero y las empresas, pero también es una notable oportunidad para la transformación económica y social, y en definitiva, para la modernización de nuestros países.

¿Qué rol ha jugado la banca en estos últimos años?

Los bancos son el sistema nervioso de cualquier economía en el mundo y por lo tanto siempre van a apoyar las grandes transformaciones. Pero en este caso su rol es diferencial porque la relación entre las finanzas y la sostenibilidad es bidireccional. Una relación biunívoca que se fundamenta en dos motivos:

En primer lugar, porque si bien esta transformación productiva y social supone una oportunidad en términos de negocio, el cambio climático genera un conjunto de riesgos que exige una adecuada gestión para evitar la inestabilidad del sistema financiero, lo que ha reforzado la vigilancia y la sensibilidad de los reguladores y supervisores financieros.

En segundo lugar, porque el sistema financiero no es un sector contaminante per se, pero sus decisiones de negocio y la velocidad con la decida impulsar el cambio que exige una economía baja en carbono puede tener unas implicaciones económicas y sociales de envergadura.

En esta transformación habrá ganadores y perdedores. Esta no es una revolución de las élites, sino de diseño social, lo que exige corresponsabilidad con los inversores y consumidores, con los reguladores y sobre todo con la Administración Pública que debe definir los carriles por donde transitar en esa transformación productiva y social hacia una economía más sostenible. 

Ahora bien, el sector bancario no se ha paralizado mientras esperaba que se aprobasen normas y marcos regulatorios bien sea por parte de la Administración o por los reguladores financieros, sino que ha tratado de anticiparse de forma clara desde un inicio y lo ha hecho con complicidad y convicción. Unos atributos que, más allá de las iniciativas individuales planteadas por cada entidad, se han traducido en nuestro país en tres iniciativas fundamentales que reflejan su grado de compromiso: la función de Responsabilidad Social Corporativa no solo se ha transformado en un área de sostenibilidad sino que ésta ha aumentado su responsabilidad en las organizaciones incorporándose como un eje estratégico adicional; se ha constituido el Centro de  Finanzas Sostenibles y Responsables (FinResp) con el que nos proponemos acelerar el impacto de las finanzas sostenibles a través de mejores prácticas y fórmulas financieras innovadoras; pero, sobre todo, destacaría el Pacto de Acción por el Clima que firmamos cerca del 95% de las entidades bancarias españolas en el marco de la COP25 para comprometernos a descarbonizar nuestras carteras en línea con los objetivos planteados en el Acuerdo de París.


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