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Grado de madurez de la financiación verde y sostenible

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Open Value Foundation ha tenido la oportunidad de hablar con Juan Carlos Delrieu, Director de Estrategia y Sostenibilidad en la Asociación Española de Banca, para ahondar en los obstáculos que siguen frenando las Finanzas Sostenibles y el grado de madurez de las mismas a nivel europeo.
Grado de madurez de la financiación verde y sostenible

El pasado octubre, Deusto Business School en colaboración con ICADE, reunió a Juan Carlos Delrieu, Director de Estrategia y Sostenibilidad en la Asociación Española de Banca, Julián Pérez de Madrid, Director de Corporate & Investment Banking de Banco Sabadell, y a nuestra fundadora, María Ángeles León en una mesa redonda sobre los retos y las perspectivas de la financiación verde y sostenible.

A raíz de ese encuentro, en Open Value Foundation tuvimos la oportunidad de hablar con Juan Carlos Delrieu para ahondar en un primer instante sobre las tendencias globales de las finanzas sostenibles y el rol de la banca.

En esta segunda parte de la entrevista compartimos los desafíos, las oportunidades de las finanzas sostenibles y el grado de madurez de las mismas.

OVF: ¿Qué obstáculos siguen frenando el avance de las Finanzas Sostenibles?

JC:  Hay dos grupos de desafíos, unos, los habituales, tienen que ver con la falta de concreción de algunos conceptos, la ausencia de una información adecuada y calidad de los datos.

La dificultad por delimitar la definición de lo que es verde o sostenible y lo que no lo es, o lo que es ESG (Environmental, Social and Corporate Governance) y lo que no lo es, es el primero de los obstacúlos. El Reglamento de Taxonomía aprobado por la Comisión Europea trata de delimitar esta confusión, pero todavía está lejos de consensuar una puesta en práctica de esta clasificación. Además, la taxonomía, de momento, deja por fuera una definición adecuada de lo que se entiende por temas sociales, algo que la Comisión Europea tiene previsto abordar en los próximos años.

A este problema, se añade la infinidad de metodologías y métricas que existen para aproximarse a este mundo, muchas de ellas muy complejas, lo que propicia una fuerte confusión que se agrava al observar la notable discrepancia entre las diferentes agencias de rating.

Otro desafío monumental tiene que ver con la divulgación y el reporting, dada la falta estandarización, cada entidad o empresa informa en función de su entendimiento o de su propio interés, corriendo el riesgo de incurrir en greenwashing.

Existen otros obstáculos de menor grado que no quiero dejar de mencionar. Uno es la importancia de distinguir entre el corto y medio plazo, una dicotomía que no sabemos cómo solventar porque los mercados financieros exigen resultados de corto plazo, mientras que los riesgos del cambio climático requieren mucho más tiempo y madurez. De la misma manera que siento que no siempre se mide el valor de la prudencia, un valor que frente a al elevado grado de incertidumbre al que nos enfrentamos debiera estar por encima del debate y, sin embargo, todavía vemos a líderes políticos, empresariales y de opinión que cuestionan y niegan el impacto que el cambio climático puede generar en nuestro entorno bien sea a través de los riesgos físicos o de transición.

OVF: ¿Qué otros elementos son clave en la financiación verde y sostenible?

JC:  Además del reporting y la divulgación, hay otros elementos que me gustaría destacar y que probablemente respondan al último libro de Nicholas Stern: Why are we waiting?

Hay que imponer el sentido de la urgencia y de la ambición. Esta ambición se acaba traduciendo en cuatro cambios vitales. El primero es que las finanzas sostenibles debieran pasar del debate, del diseño, del propósito, al impacto. Para ello, es fundamental disponer de una regulación estable y predecible, de la misma manera que los gobiernos y empresas deben marcar la trazabilidad de su compromiso. Es decir, tan importante es señalar la ambición como definir con qué senda, qué planes y acciones se van a definir para lograr esos objetivos.

Finalmente, sugiero que debiéramos comenzar a imponer una batería de incentivos que promuevan de manera positiva el compromiso por contribuir a mitigar el impacto derivado del cambio climático, o de forma negativa a través de la fiscalidad u otros mecanismos de mercado (precios correctos de la emisión de CO2, eliminación de subsidios, etc). 

OVF: En definitiva, ¿Cuál es el grado de madurez de las Finanzas Sostenibles y qué perspectivas vislumbras?

JC: Pienso que todavía queda mucho por avanzar. La European Banking Authority tiene previsto publicar su Guía sobre Finanzas Sostenibles en 2025, el Reglamento Europeo de la Taxonomía solo aborda aspectos ligados al cambio climático, pero deja por fuera conceptos medioambientales y sociales, en España todavía no se ha aprobado el anteproyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética y los ciudadanos mostramos de manera colectiva una fuerte preocupación por los riesgos derivados del cambio climático, pero de manera individual nuestro grado de involucración y responsabilidad se reduce de manera notable. Hay obstáculos que estamos debatiendo y que, sin duda, acabaremos superando, pero actualmente, suponen un freno en muchas áreas. Sin embargo, a la velocidad que se está avanzando, con el impulso del Pacto Verde Europeo y los fondos recogido en el Next Generation EU Plan y el compromiso de los agentes, llegaremos más pronto de los previsto a un estado de madurez muy razonable.

La más que probable consolidación entre agencias de rating y proveedores de datos ayudará a lograr esta madurez a través de una combinación de métricas y estándares consensuados, que permitan un cierto grado de comparabilidad, generando así más transparencia y propiciando que las decisiones de los agentes puedan tomarse con el mejor conjunto de información disponible.

Respecto a las perspectivas, vislumbro un futuro en el que el impacto de nuestras acciones y decisiones será el gradiente que marque el equilibrio conformado por el trinomio rentabilidad-riesgo-sostenibilidad. El verbo ‘impactar’ debe cobrar más relevancia que el deseo o el compromiso.

Anticipo una mayor sensibilidad por la economía circular. Un campo en el que se ha avanzado con éxito en una buena parte de los países europeos y que, en España, por su rezago, dispone de un amplio margen de maniobra para avanzar con determinación.

Me gustaría pensar que la G de gobernanza acabará cobrando tanto peso como los temas medioambientales o sociales pues solo con responsabilidad y determinación los esfuerzos que hagamos en materia de sostenibilidad tenderán a ser duraderos. Además, debe existir un punto de encuentro entre el compromiso social por estos temas (bottom-up) y la convicción de las empresas por promover una transformación respetuosa con el medio ambiente y este enfoque top-down, pasa necesariamente, por la involucración del Consejo de Administración y del equipo directivo de una empresa.   

En definitiva, siendo muy atrevido anticipo un futuro en el que el impacto y la corresponsabilidad serán los verdaderos ejes del cambio.

 

 


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